En sus propias palabras

En sus propias palabras

23 de octubre de 2018.

Por: Judith Nieto López.
En Universidad de Antioquia, opinión.

En Donde se estrellan los pájaros, Fleisacher se mueve por territorios donde están las historias que solo ella puede contar y llevar a la escritura; algo concedido por su singular manera de ver el mundo, de percatarse de aquello que está ahí para ser visto y, luego, para ser contado.

Hace un año, el sello Edition 8, de Zúrich, publicó en alemán parte de la obra de la escritora colombiana Esther Fleisacher, con el título In einer Kirche hast du nichts verloren (En la iglesia no se te ha perdido nada). Hoy, Sílaba Editores pone en circulación Donde se estrellan los pájaros.

Una nueva producción, en la que su autora, en sus propias palabras, concede forma literaria a una serie de historias, donde la evocación, la cotidianidad y la dura realidad permiten que el lector se asome a la hondura deparada luego de la lectura de cada título, para percatarse de un nuevo relato inquietante, singular e inusitado; todos estos rasgos que conceden a Esther, quizá sin proponérselo, la respuesta a la pregunta: ¿qué le sucede a un lector mientras lee?, como lo advierte Ricardo Piglia. No es algo diferente a lo que la literatura concede a quienes se acercan, se hermanan con esta: un nombre y una historia que pasan a ser entrañables para quien la sigue desde la letra. Una forma de subsistir en un mundo cargado de obligaciones implacables, rutinas inútiles y acontecimientos incomprensibles.

Donde se estrellan los pájaros es la frase que cifra los relatos de un libro compuesto por tres partes. La primera, integrada por un conjunto de seis cuentos, en los que la autora vuelve a temas como los del desarraigo y los desencuentros. Tópicos que le permiten a Fleisacher avanzar en la construcción de historias cuyas vicisitudes, comunes a la existencia, pasan por la palabra y se llevan a la invención como una forma de no zozobrar y de no hacerse invisible. Esto explica la presencia del cuento “Sombra blanca”, que narra piadosamente el principio y fin de un batallado amor, resultado de una elección incomprensible, pero guiada por el sueño y el deseo, propios de toda opción regida por la pasión amorosa.

La segunda parte está conformada por cuatro relatos, logrados a partir de sucesos escuchados por la escritora; testimonios que, al porfiar en su recuerdo, pasaron por la ficción para dejar ver los mundos sobrepuestos, las realidades precarias y los ambientes sórdidos que atraviesan las vidas de hombres y mujeres de una ciudad como Medellín, donde palpita la exclusión. Una ciudad que niega una existencia digna a muchos de sus habitantes, quienes intentan sobrevivir en medio de la penuria y de los más inusitados “acosos”. Así, “Un trabajo” y “La venta” son dos de los logros narrativos de esta sección, con los cuales Esther Fleisacher retrata parte de la dura y cotidiana realidad que también asiste a Medellín, al centrar su interés creativo en el principio y fin de la letra que cuenta y de la historia que alcanza; pues Esther tiene el arte de narrar dejando ver.

La tercera parte, próxima a la piel y a la vida de la autora, contiene seis historias breves, seis “gestos hurtados” —un género de su invención, en el que se cifra la palabra narrada y la poesía—. En ellos, la cotidianidad, el pasado y la memoria le otorgan a Esther los motivos para ensartar la hebra de la ficción en aquello que aparece a diario, pero que solo la sensibilidad de la artista logra transformar en historia conmovedora.

Esto ocurre con “Enmienda”, gesto al que el lector está convocado a leer y releer, pues la nostalgia que subyace a su contenido lo obliga; allí, la autora no deja pasar momentos de su pasado lejano, los toma en su forma de recuerdo, los rehace, les concede luz y los pasa por el tamiz de la ficción para hacer saber aquello que ocurrió con los hechos, con las razones, con las sinrazones que los provocaron. “Enmienda” es una narración proustiana, pues en ella el pasado no es efímero, no se ha movido, permanece en su sitio.

En Donde se estrellan los pájaros, Fleisacher se mueve por territorios donde están las historias que solo ella puede contar y llevar a la escritura; algo concedido por su singular manera de ver el mundo, de percatarse de aquello que está ahí para ser visto y, luego, para ser contado.

El libro recorre líneas breves, de historias puntuales, conmovedoras, apegadas a la vida —“El olfato de Iris”, “Pan de maíz”, “El barrio desatado” y “El festín de Babette: una petición”, sacuden al lector —, y con detalles que dan cuenta de una especie de memorial privado, desprovisto de fechas y de goteos de tiempo; pero con temas hallados en la realidad, lugar rescatado por el arte literario con el que la autora impide el olvido de la epifanía, siempre deudora de la palabra.

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