EDUARDO ESCOBAR. INSISTENCIA EN EL ERROR

EDUARDO ESCOBAR. INSISTENCIA EN EL ERROR

27 de septiembre de 2020. Por: María Dolores Jaramillo.
En El Colombiano, boletín Generación.

El último libro del poeta Eduardo Escobar, Insistencia en el error (Medellín, Editorial Sílaba, 2020), es obra poética de madurez. Prosa poética y melodiosa de importantes logros estéticos. Reúne una amplia colección de poemas, entre los cuales se destacan algunos excepcionales, únicos y distintos en el panorama de nuestra literatura colombiana, por su imaginativa mirada analógica, su visión de intimidad, la mordacidad y el tono irónico, y , en algunas ocasiones, el carácter alegórico. Son poemas de gran riqueza, y abundancia verbal. Singulares por sus variaciones rítmicas y dodecafónicas . Por la fecundidad y diversidad de sus juegos sonoros y polisémicos. Por la pulcritud de las estructuras verbales, los sorprendentes adjetivos, y la cuidadosa organización de los versos. Por la mezcla sutil de la luminosidad y la duda. Por el carácter reflexivo y conjetural que guía el poemario en su conjunto. Por la profundidad de sus pensamientos. Y la fuerza de la ironía y el humor que los realza.

Eduardo Escobar es un poeta juguetón y danzarín. Sus versos lúdicos van rítmicamente hacia adelante y hacia atrás, dos pasitos para acá, dos pasitos para allá…y en medio del baile va repartiendo su visión poética: “El poema debe saber bailar”, “debe conocer el secreto del movimiento armónico”, dirá. Y escoge el carácter evocador y reflexivo, de múltiples efectos melodiosos y poéticos.

La antología incluye oraciones, ruegos, pinturas, conversaciones, retratos, elegías, evocaciones, recuerdos, homenajes y plegarias. La componen ejercicios de meditación poética y filosófica. Divagaciones, y conversaciones con Dios, su sombra, o su doble. El poeta, que ha buscado sin éxito a Dios desde niño, lo sigue convocando en su poesía. Conversa con un fantasma ausente y silencioso a quien reclama, zahiere, recrimina, o dirige ruegos y anhelos. Y sigue desarmando muchas certezas tradicionales y privilegiando la duda y la incertidumbre.

Se destaca en la antología el impecable diseño de cada poema y cada verso, intercalado por espacios en blanco que ayudan a marcar los compases musicales , y significativos . Hay distintos niveles tonales. Diferentes capas de significación. Continuos sonajeros consonánticos y vocálicos. Abundantes alusiones. Referencias cultas. Analogías imaginativas. Y numerosos efectos lúdicos que rodean las continuas preguntas que se hace el poeta: “Las cavilaciones sobre el origen…las preguntas sobre el sentido de la carne….la esencia del tiempo y la realidad del espacio…y la utilidad del arte”, entre otras.

“Advertencia retórica” es un poema con el que abre el abanico de su mejor poesía. Se deslinda de la poesía militante , que pretende servir a un partido, a un gobierno o a una ideología, como lo hicieron los mejores nadaístas desde el año 1958. Aquí vuelven a escucharse los tempranos pregones de Gonzalo Arango en defensa de una escritura libre de sujeción política y contraria al llamado arte comprometido. Y aparece desde este primer poema su larga experiencia poética: un poeta no puede decir todo lo que quiere decir, de ahí el título del libro anunciado desde el primer poema: insistencia en el error de tratar de aprehender y descifrar la vida y expresarla con palabras.

Entre los poemas más importantes y redondos,- que invitan a una placentera segunda y tercera lectura-, se encuentra un primer dueto de cavilaciones filosóficas y religiosas: “Oración” es un conversatorio fraterno con un dios-par. Un testigo. Un confidente. Un cómplice. Con tono lúdico invita a Dios a compartir un trago. A hablar de los recuerdos y la intimidad. A escuchar el canto de los pájaros. A tratar de responder juntos las preguntas esenciales. “Buscador” es un hermoso poema de búsqueda y desencuentro de Dios. Sin dramatismo, y con la singular levedad del humor, nos dice que tal vez lo sintió alguna vez “en la risa de las muchachas”, “y en sus senos de rosas niñas”.

Un segundo grupo de poemas conjeturales preguntan y juegan con la identidad : “Vida privada de mi sombra”, “Declaración del espejo”, “Identidades”, “El insistente desconocido”, y “La flecha inmóvil”. El poeta se afirma en la duda y la incertidumbre. “Identidades” es un poema juguetón y fantasmagórico que acerca los muertos y los vivos. “Vivos y muertos se entremezclan, – sin diferencia-, en la misma liturgia vana del vivir y el morir.” Los vivos repiten las andanzas de los muertos. Y los muertos se transfiguran en vivos. “El insistente desconocido” es un singular poema de desdoblamiento y contrapunto de las dudas que acompañan al poeta. Y en “Declaración del espejo” proyecta a su doble en el espejo y formula un hondo examen de conciencia. La imagen reflejada le permite interrogarse y burlarse de sí mismo.

Poema único entre las múltiples interrogaciones es el poema del ‘Tal vez’. Con ecos de Gurdjieff construye un hermoso canto de incertidumbre múltiple y profunda. Y desarma las certezas con un vacilante tal vez: “Tal vez estamos muertos hace tiempos…Tal vez estamos muertos hace tanto…Tal vez no hemos nacido…Tal vez estamos muertos desde nunca…Tal vez estamos muertos todavía…Tal vez estamos muertos no sé cómo…Tal vez estaremos muertos hasta quién sabe cuándo…”

En tercer lugar encontramos algunos poemas- pinturas como “Nocturnos”, de bellas analogías y evocaciones silvanas. El poeta exhibe su sentido imaginativo y lúdico mientras contempla la noche dormida: “se ha detenido el crecimiento rumoroso de las plantas (…) y enmudecen los bejucos”. Y una hoja solitaria tiembla. “Marina” integra diversas imágenes en una composición plástica del mar. Y “Paisaje infinito” reconstruye de forma juguetona e imaginativa un paisaje sonoro y circular.

Y, finalmente, quisiera resaltar algunos poemas únicos y sobresalientes, como “Elegía”, homenaje a la autenticidad y profundidad de la poesía de César Vallejo, a sus “palabras heridas y quebradas”; las falsas apariencias de “Las personas decentes”; el recorrido por lo decadente, desvencijado, y roto, en el magnífico “Homenaje a un anticuario muerto”; el muy bello retrato de sí mismo, lo que el poeta es y lo que pudo haber sido, y los caminos que no escogió, dibujado a través del oxímoron contradictorio de “La flecha inmóvil”; o el melodioso y leve “Tango de los hampones” que descubre cómo la vida nos vuelve tramposos y mañosos para sobrevivir.

Estamos frente a un libro de poemas, muy singular y bien logrado en el panorama de la literatura colombiana.