El ritmo melancólico de una ciudad: memoria y poesía en También por el río llegaron

El ritmo melancólico de una ciudad: memoria y poesía en También por el río llegaron

Por Rubelio López Cardona

También por el río llegaron es un libro especial en el panorama de la poesía colombiana, sobre todo por su apuesta por una métrica cuya historia se remonta a Jorge Manrique. Con esta decisión el autor nos recuerda que la poesía también es ritmo, sonoridad, musicalidad. Lo que solemos olvidar, dado que el verso libre se ha convertido en la constante de la poesía en nuestros tiempos. Personalmente, la rima la disfruto allí donde los poetas son tan excelsos que es imposible desligar el sonido del sentido, y en mi escasa experiencia podría citar como maestros en ese arte a León de Greiff y José Asunción Silva. En ambos poetas la rima y el ritmo son tan importantes como el tema que se está poetizando, y logran que la precisión sintáctica se combine con la métrica para dar lugar a juegos del lenguaje deliciosos. También es cierto que a los que estamos tan acostumbrados a la prosa poética y al verso libre, la rima nos saca de nuestro lugar de confort como lectores de poesía y nos invita otra vez al silencio, a esforzar el oído tanto como el entendimiento en la comprensión de los versos que estamos leyendo. Antonio Silvera, en esa larga tradición de la poesía rimada llena de maestros, como lo fueron De Greiff y Silva, nos habla del “ritmo melancólico del pie quebrado”, y lo usa en este bello libro para contarnos la melancólica historia de Barranquilla, o mejor, de los hombres y mujeres que la construyeron, desde el anonimato, a lo largo de los siglos. 

Además de la rima “arcaica” de este libro también es admirable su búsqueda del poema narrativo, casi épico. También por el río llegaron puede ser leído como un solo relato, dividido en diez partes y un epílogo, que narra los afanes y esperanzas de unos personajes que, según el autor, “provienen de un sitio en el que probablemente sólo eran nadie”, y que son al mismo tiempo fantásticos y reales, fundadores de la ciudad pero también habitantes contemporáneos de la misma, ya que lo que importa no es su lugar en la historia fáctica de Barranquilla, sino en el imaginario de un pueblo sufrido y esforzado, valiente y aporreado a partes iguales. Ahora bien, esa épica no es falsa ni meramente simbólica, porque la travesía de las personas del común por el mundo que habitan es lo más cercano a la realidad que puede llegar el poema, y narrar esa realidad como si se tratara de gestas heroicas, sin ironía, sin exageraciones, sino poetizando lo cotidiano, es otro de los méritos de este libro de poemas. Personalmente me conmoví mucho más cuando leí en este libro el relato del vendedor ambulante que se levanta temprano para vender en el mercado sus productos y así comprarle un vestido de novia a su futura esposa, que cuando en la Ilíada se canta el melindroso llanto de Aquiles ante el cadáver de Patroclo. No quiero desmeritar la obra de Homero, sino poner a su lado, humilde y sonriente, a este libro que nos ocupa.

Finalmente, me gustaría recalcar que es fascinante cómo También por el río llegaron nos traslada a otras épocas, ya por la copla manriqueña, ya por la historia apócrifa de Barranquilla que reconstruye, al mismo tiempo que enfoca la ciudad actual, donde sus habitantes más anónimos, aquellos que nunca aparecerán en los libros de historia, viven su vida lo mejor que pueden, van al trabajo, crían a sus hijos, deambulan por las calles de esa ciudad mística y concreta, donde la alegría del carnaval convive diariamente con la tristeza que engendra, entre otras cosas, la desigualdad social. Y es que aunque el autor parte de una historia personal, la de sus antepasados, como nos aclara en la nota de presentación del libro, también es cierto que hay en este poemario una intención más social, histórica, universal. Y eso no es contradictorio, puesto que la historia personal y familiar son tan solo el punto de partida para entender el mundo en el que vivimos, la ciudad que habitamos y la sociedad en la que construimos nuestra identidad al lado de los demás. 

En conclusión, este libro habla de comunidad, con una perspectiva histórica, pero también muy íntima y sentimental. Recupera la rima de pie quebrado y hace un uso magistral de ella para regalarnos una historia de Barranquilla llena de héroes y heroínas anónimos, y esas son sólo algunas de las muchas virtudes de este bello y anacrónico poemario.


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