Adiós al mar del destierro

Escriben los lectores de Adiós al mar del destierro

Por: Adela Donadío.

Los invito a leer la novela  Adiós al mar del destierro de Lucía Donadío mi querida hermana, poeta, narradora  y editora quien por años estuvo embarcada como sus personajes en un viaje hecho de memoria y ficción,  navegando en los mares de la escritura para entregarnos esta bella obra que empieza a cobrar vida con el llamado a su lectura.   Historias de familias signadas por la emigración durante dos siglos se entretejen en una fina arquitectura de las improntas que cada generación va dejando en las otras;  huellas de destinos heredados, secretos presentidos que obran desde su ocultamiento o se revelan para dar sentido a un momento de vida,  objetos que son testigos en su elocuente quietud del paso de los tiempos y se presentan como signos de las vidas de los antepasados, herencias materiales y espirituales que toman la forma incomprendida de las culpas o el ímpetu de los riesgos y la resistencia para la aventura de dejar lo conocido.

La vida y la muerte de Bruno Cattaneo trazan una de las temporalidades de la novela, la magistral construcción de la temprana edad a la longevidad, hecha de hitos vitales más que de cronología y con una profusa y sensible exploración de sus mundos personales, familiares y sociales.  Muchos otros personajes van apareciendo ligados a la historia de Bruno y sus vidas y tiempos existenciales se derivan hacia narraciones muy amplias o se condensan en la brevedad y esencialidad de dos o tres párrafos en los todo queda dicho.   Los narradores se relevan para abrir puertas de ingreso hacia la profundidad de lo íntimo o para presentar otras visiones que logran ser las otras caras de las mismas realidades.

Toda la novela es de principio a fin poética y rica en imágenes que hablan de fragancias, colores, paisajes, casas y una amplia gama de emociones,  que se expresan en metáforas muy dicientes en ese momento justo en que las palabras parecen quedarse cortas para nombrar lo más sutil y pequeño, así como lo más desgarrador o lo insoportablemente cotidiano y anodino.

Muchas mujeres cobran vida en estas páginas.  Ellas emergen como madres, abuelas, tatarabuelas, hijas, hermanas, novias, esposas y en todos los roles cambiantes de sus vidas y sus épocas.  Sometidas también a las diversas formas del destierro; separadas violentamente de su origen, de sus propios deseos y voluntades, presas en redes de culpas heredadas y ocupando lugares que jamás se imaginaron.

Algunos de los personajes dicen “querer morir” o que “otros se mueran” como salida a las encrucijadas ciegas en las que poco queda por hacer ante la enfermedad, la adversidad, la depresión en  los ojos del otro, la imposición de la autoridad o la impotencia total. Fantasean como los niños con la idea de morir pero siguen la vida y van dando los pasos de cada momento;  se sobreponen al dolor con grandes y pequeñas alegrías, con mayor o menor conciencia.

La escritura y honrar la memoria hacen parte de la herencia familiar de Bruno;   su padre escribano de cartas por encargo para muchos emigrantes del pueblo, encomienda al  hijo que parte escribir un diario y le entrega el cuaderno en el que  Bruno apenas  logra plasmar las palabras de la nueva lengua.  Cuando se hace padre, insta a su hija a llevar un diario, que finalmente se torna literatura y no biografía.  Lucía Donadío crea una conmovedora novela  y su escritura revela el pacto con la ficción y sus inéditos caminos, porque como dice Javier Marías, “Cuando pasa el tiempo todo lo real adopta un aspecto de ficción”.  Gracias al don del tiempo Bruno  es el personaje que logra dulcificar su acritud y conquistar el amor por la vida. Ya muerto y vestido en su ataúd con elegancia, como lo había pedido a sus hijos, celebra la muerte y la vida. Convertido en alma,  nos invita a descubrir otras voces que en estas páginas cuentan el revés de sus días. “Veo cruzar la estela de mi vida. Y digo adiós al mar del destierro.


Por: Julio Eduardo Zuluaga.

Escribía Roberto Bolaño, novelista chileno en una de sus obras: «Mi propuesta literaria es mi propia vida» . Y esto creo que lo logra Lucía Donadío en su última novela Adiós al mar del destierro. Narra la historia de Bruno, un joven italiano nacido en Morano, un pueblo quizá más antiguo que Roma, sembrado en una colina y escondido en su propia geografía. Bruno a los 16 años emprende una travesía por el Atlántico que lo lleva a Colombia, buscando mejores horizontes. Relata la historia de amor con Isabela, su esposa. El quería tener pocos hijos, Ella muchos. Finalmente llegaron 10 hijos en 20 años, entre ellos Julia, la hija que lo acompañó hasta el final de sus días. Da cuenta esta conmovedora historia de los negocios, de los múltiples viajes de Bruno a Italia, muchos de ellos acompañado de sus hijos, hasta el último para celebrar su cumpleaños 95. Muere con la ilusión de cumplir los 100, al lado de su taller de carpintería, un arte que disfrutó en los últimos años. Esta bella historia la recrea Lucía con elegancia y dulzura como es su estilo. Su lectura será una buena compañía por estos tiempos de soledad y encierro.


Por: Cristina Toro.

Gracias a Lucía Donadío por su bella obra. “Adiós al mar del destierro”, más que una historia de familia es un mapa de las raíces que siempre estarán en la tierra, no importa qué mares las distancien. Hoja tras hoja se van abriendo los baúles de una memoria que pasa por siglos y continentes con la lentitud de un barco que cruza el océano y se detiene en las olas para hablar de gritos y silencios. Voces que narran la construcción de un universo privado que es el de todos, las tiranías de la familia, los sueños de ser otro en lejanías de las que siempre se huye y a las que siempre se regresa, las marcas de la sangre dictando destinos, las miserias de la bondad, las difíciles maneras de ver crecer a extraños que brotan del mismo vientre, el paso del tiempo en los rostros y las ciudades. Un libro que tiene voz de niña y voz de anciana, voz de muchachos y abuelos, herencias de miedos y pasiones. Muy sutilmente y sin pretensiones académicas, también está la historia de la migración italiana en Colombia y su inmersión en la vida cotidiana como colonia que huele a tomate y albahaca, que permea los círculos sociales para mostrar otras maneras de pasar por la vida, de unirse y separarse. Una tras otra las historias se funden para entregar al lector esa brutal verdad que es la tragedia del vivir, los secretos mejor guardados se destapan con la delicadeza de un cirujano que abre de nuevo la herida para sacar el tumor y bordar la cicatriz. Y al final, en la foto centenaria estamos todos en todas las edades, narrados con minucia en cada soledad, en cada ausencia, en cada pariente que ya no está.


Por: Mauricio Peñaranda.

Pereira, 16 de noviembre del 2020

Querida Lucía:

 Adiós al Mar Del Destierro me atrapó, me transportó, pertenezco ya al mundo en que habitan sus personajes, reconozco sus rostros, podría distinguirlos de lejos por su manera de caminar en  las calles de la Tierra y escuchar sus voces. Creaste para los lectores una comunidad de seres afines a todas las familias de la Tierra. En todo hogar puede haber una tía Rosita extraviada y cargada de maletas para irse, un Bruno tratando de abrirse una brecha en el mundo, un Nicola, o una abuela Clara  esperando el regreso de una nieta robada, una María Aurora cautiva, ajena a sí misma, domesticada por el orden paterno, un pequeño Emilio muriendo de miedo bajo el poder destructivo de las bombas, una Matilde,  una Elisa e Isabella tratando de expandir su cerco de enajenación y religiosidad sobre un orden cerrado donde por fuerza también podría existir -¿por qué no?- un taller de carpintería postergado.

Al narrar el tránsito de la familia Cattaneo en los  últimos tres siglos, escribiste la historia de la humanidad, consolidaste una obra total. Ninguno de los grandes temas escapa a tu creación: política,  paz mundial, conflictos bélicos,  vanguardias culturales,  familia, incesto,  amor conyugal,  barreras de clase, enfermedad, religión,   y, por supuesto, el exilio y la inmigración como pretexto para abrazar los temas enunciados.

Pero no se trata solo del exilio territorial, el que implica  empalme y  adaptación a un nuevo mundo, a costa de infinitos sacrificios y renuncias, sino de uno existencial en el que la idea de promoción,  riqueza y  posesiones conseguidas no coinciden con la medida de la felicidad. El que parte por años de un lugar, lo hace para siempre. Es imposible volver a los lugares que preserva la memoria, esa patria chica del mundo interior donde el tiempo no fluye.

Hay una doble dimensión del exilio: la de aquél que contempla en el puerto la nave que se aleja y la del viajero que porta un equipaje de expectativas y temores y será como los conquistadores ancestrales,  conquistado por su conquista: un inmigrante, un árbol, como Bruno, con las raíces divididas entre su lugar de origen y su patria de adopción. Pero se impone un tercer destierro: el de los náufragos que regresan: el de Michelle Cattaneo y su hijo Nicola que se corresponden con la sentencia de Norman Mailler de que cuando el héroe no encuentra en el mundo lo que fue a buscar, no tiene otro camino que volver a casa.  Estos desterrados vivirán neutralizados por la renuncia y obnubilados  por el fantasma de la Tierra Prometida. Ellos también como fantasmas en esa tierra intangible vivirán ausentes del lugar en que están.

Adiós al Mar del Destierro,  no solo es  pertinente en su trascendencia y en el poder de sus personajes, Lucía, es una obra polifónica, admirablemente engranada en la que destaca la diferenciación de las voces, la forma en que los personajes se narran y  redefinen. Prueba de esto es el cambio generacional que logras dar con la irrupción del personaje de Julia que es  el crisol en el que todos los protagonistas confluyen. Su tono, su voz, su fluidez, además de esa capacidad paranormal de ver en los sueños e imponer a la tatarabuela Elba, ese personaje del pasado, digno de Eurípides que hace estremecer  la estructura de la novela con la revelación de la posesión sexual de su hijo.

Es notable  el conflicto de intereses en la pareja de Bruno e Isabella en la que riñen el deseo de orden y posesión de riquezas  de él, frente al desprendimiento y despilfarro caótico de  ella que no renuncia a los privilegios de la comodidad.

La violación de Julia en la infancia por parte de Nohemí, la cocinera de la casa, inaugura una nueva era en la percepción infantil que, de pronto se ve tomada por una constelación de peligros y  monstruos reales que se suman al imaginario de Julia que, no obstante, es capaz de extraer del dolor y los viajes con su padre, la revisión de álbumes antiguos, arcones sin tiempo, daguerrotipos y archivos familiares,  una visión heroica y salvadora de una realidad, no exenta de sentido y de fe.

En la novela  los argumentos se cierran armónicamente,  las partes encajan y el final –otro aporte imaginativo al cuerpo estructural de la obra- queda en manos de Bruno, el personaje principal, cuya voz emerge de la muerte y narra las peripecias finales de su cuerpo sin vida y se dispone a leer en tu libro la coral ininterrumpida de la historia de los Cattaneo.

Disfrute tu novela, Lucía, conviví con tus personajes, sufrí con ellos y sé que se renovarán cada vez que vuelva a la lectura. Auguró a tu libro un lugar destacado entre las grandes novelas, las mismas que tú y yo hemos leído con asombro y de las que algún día tendremos la alegría, el café y el tiempo necesario para hablar.

Recibe un fuerte abrazo


Por: Rochi Sánchez.

Leer este libro fue un bálsamo para mis noches.
Lo devoré con tanto amor y con tanta nostalgia por sus personajes, que me fue imposible trasladar mi mente a cada lugar narrado. A cada episodio y a cada momento en el tiempo de esta familia.
A la ropa que vestían, a los alimentos que probaban y a sus recuerdos. A sus llantos y alegrías.
Quería comprar un tiquete e irme a Italia a abrazar a los papás de su protagonista soñador.

Bueno, este libro sigue la historia de Bruno Cattaneo, un italiano que a sus 17 años toma un barco, atraviesa mares y océanos para llegar a América.
Acompañado de su baúl (herencia importante de su abuelo), algunas cartas y un buen número de alimentos para quienes serían sus hospedadores… Arriba al Caribe colombiano. Llega a Puerto Colombia a trazar su vida y su historia.
Sufre las verdes y las maduras.
El paso del tiempo y del amor.
Y pienso: son tan valientes aquellos que se atreven a dejar el nido por seguir sueños.
Es difícil estar lejos de casa.
Quien emigra, nunca emigra del todo.
Su corazón queda con su tierra.
A Bruno lo acompaña Isabela y su historia. También conmovedora. También muy dura. También muy dulce. De quien se culpa por vivir como vive y está marcada por sus ancestros religiosos y penitentes.
Vivir con nostalgia por lo que fue y por lo que aún no ha sido.
Culpas, dinero, familia.
¿Una saga? ¿Amores imposibles? ¿Sueños frustrados?
Gracias, @lucia.donadio.98 por dejarme leerte, por darme este libro para sacarme de un bloqueo lector tremendo.
¿Les gustan las historias conmovedoras? Este libro es para ustedes.

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