Escriben los lectores

Escriben los lectores

3 de junio de 2021

Editar libros en Colombia siempre ha sido una aventura para todos los actores del proceso que conlleva meter entre carátulas un texto. La tradición editorial colombiana ha sido muy diversa y de lo rudimentario pasó a la abundancia y de ahí al desierto en que esta pandemia ha terminado por llevarla para que agonice. Hay empero quienes se empeñan en demostrar que mientras respire, las editoriales no han muerto y las librerías tendrán material para seguir llenando sus estantes de esperanza.

Lucía Donadío, desde Medellin, ha seguido esa senda de manera de pronto muy sigilosa pero con la paciencia y la curia de una de aquellas desaparecidas modistas del croché y el punto de cruz. Su editorial Sílaba sigue en pie y casi que como en las épocas medioevales, sin quien comente sus libros, sin quien los vocifere en los cada vez más flacos periódicos, se aventura a tentarnos. Lo acaba de hacer reeditando un libro que si bien ganó hace 10 años el Premio Jose Eustasio Rivera de novela en Neiva, fue tan pobre su lanzamiento editorial entonces que, pese a la gran calidad de la novela, se perdió en las nebulosas parroquiales.

TRIPTICO DEL DESAMPARO, del argentino Pablo Di Marco, fue entretanto editada en Chile y en la Argentina y obtuvo una presea como libro editado en España y, una década después, vuelve a las librerías colombianas para demostrar que no en vano ha sido premiada primero en Colombia y que se abre paso para tenerla en cuenta en el balance positivo de la novela latinoamericana de estas calendas. Quien la lea va a encontrar en ella una prosa suelta, llena de gracia y picante aunque va de Buenos Aires a Venecia y recorre casonas de vivos y muertos, de fantasmas y seres humanos y abre puertas al pie del canal o en la orilla porteña . Y lo logra con maestría porque todo está regido por el desamparo como elemento aglutinante y como cosquilla permanente. Obviamente el desamparo es siempre angustiante.

Hay quienes lo sienten unos más que otros y alguno quizás lo formaliza o encajona, como hace Pablo di Marco en este libro en donde lo único que sobra es la palabra “tríptico” del título, porque ni la angustia del abandono ni la fiereza de sus personajes ni la amplia y jugosa ambientación deberían permitir ser encasilladas. Lo demás es goce para cualquier lector y orgullo para la Editorial Sílaba por su terquedad en seguir abriendo camino en la torcida trocha que por estos días recorre Colombia.

Gustavo Alvarez Gardeazábal


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