Por: Luz Elena Arroyo Ruiz @siete_lugares
Terminé de leer “Gallarda” de Viviana Vanegas y me queda la sensación de que esta historia de la investigadora Jimena Gallardo tendrá más episodios y casos por resolver. El último capítulo llamado “La persecución comienza”, no suena a un final, sino por el contrario, lo que sentimos es el inicio de un camino en el que seguro nos encontraremos con más situaciones en las que Cristóbal y Juan Andrés se sumarán a Jimena para resolver, con su persistencia y valentía, los casos que toquen a la puerta de la agencia de investigación que cambia su nombre de “Blue” a “Gallarda”.
La novela funciona como una introducción al mundo de Jimena, al mecanismo que activa su decisión de ir hasta el fondo de todo y no dejar que la impunidad triunfe en medio de una sociedad que mueve los hilos para ocultar al asesino de Sabina Hernández y las extrañas circunstancias que rodean este crimen.
A través de la historia conocemos más a Jimena y las vemos en diferentes facetas que nos permiten saber cuáles son sus preocupaciones, cómo es la relación con sus seres queridos, cómo ve y siente la ciudad en la que vive y que recorre tras cada pista que le permita resolver el caso que ha llegado a sus manos, aunque eso implique arriesgar su vida. También somos testigos de su frustración ante la complejidad de un sistema que la rechaza y no reconoce sus cualidades o las desprecia por ser mujer. Esa lucha constante por hacerse un lugar en medio de tantos obstáculos refleja su tenacidad y la fuerza de su convicción logra que otros compartan esa pasión que la caracteriza o traten de frenarla cuando amenaza sus intereses.
Otro aspecto de la novela es que cada personaje tiene voz propia y eso es palpable en los diálogos que sostienen, así como en el modo en el que transitan ese universo en el que habitan y en el que se desarrolla la trama. “Gallarda” aborda muchos temas y Viviana se apoya en datos que nos hacen vivir de cerca la historia como si estuviéramos con Jimena en cada paso, lo que le aporta verosimilitud a la atmósfera que crea en cada capítulo.
En cuanto a la estructura, los capítulos son cortos y permiten que la novela tenga un buen ritmo. Cada capítulo actúa como la pieza de un rompecabezas que se arma a medida que Jimena avanza en la investigación y el lector comparte sus teorías, pero también teje las suyas. Esta posibilidad de interactuar con la novela es muy interesante, porque no solo nos invita a navegar en el terreno de la ficción a partir de las reflexiones que hace Jimena y de las acciones de los demás personajes, sino que también nos impulsa a cuestionar nuestra realidad.

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