Descripción
Este libro no se lee, se habita y Wilfer Yepes convierte lo doméstico en territorio metafísico, sin que el gesto filosófico se imponga sobre la emoción. También hay algo muy honesto al no idealizar el hogar. No es nostalgia complaciente, es una relación constante entre el refugio y el encierro, entre la intimidad que salva y la que asfixia. Esa ambivalencia, sostenida sin resolverse del todo, es lo que hace que el libro no caiga en sentimentalismos. Los poemas se asientan en un espacio específico: el sótano, tanto simbólico como real. Es un lugar que no suele visitarse porque guarda lo viejo, lo inútil, lo ominoso. Son un juego de sombras y texturas que vislumbran aquello liberador para el poeta como la compañía de sus perros, el jardín que cultiva afuera de su ventana, la rutina que lo acerca a su centro poético.
Al leer Un jardín bajo la casa, la primera impresión es opaca, porque encaminar sus versos requiere arar primero la tierra y embarrarse de lodo. Pero al descubrir la respiración del poema, cada inhalación ensancha los pulmones, y cada paso tiene tal firmeza que echa raíces. Al hombro se llevan los instrumentos para construir la casa.


