El mar como testigo: las voces que nacen de su vientre

El mar como testigo: las voces que nacen de su vientre

Los cuentos de Hugo Oquendo contenidos en De su vientre, el mar nos hablan con ternura y sensualidad, con realismo pero también con ensoñación. Son directos en la crudeza de narrar las infinitas violencias que recorren nuestro país y que sufren con frecuencia las personas más vulnerables, pero también se regodean en la belleza de los paisajes, en la tibieza de los abrazos de la abuela, en la alegría de los niños que juegan descalzos junto al mar o junto al río, en la profunda sabiduría de los rituales ancestrales que todavía tienen eco en las selvas y pueblos más remotos de Colombia, pero también en los sectores más humildes de nuestras ciudades.

Los cuentos de este libro saben narrar con precisión el conflicto armado, las violencias de género, las búsquedas espirituales, los encuentros amorosos honestos y sin vergüenza, y mantienen la atención allí donde es más difícil y rica: en los personajes, que se van construyendo ante nuestros ojos, que van viviendo sus penas y alegrías sin afanes, y nos invitan a acompañarlos un trecho durante estas páginas, porque son personas reales también, con nombres propios inolvidables (Simona, Elena, Camilo, Macumba, Lucía…).

Hay en estos relatos una tensión dramática: son cuentos largos que tienen al menos dos momentos, como si fueran actos de una obra de teatro. Uno más introductorio, donde conocemos a los personajes, intuimos sus desventuras, sentimos por ellos aprecio u odio (sin términos medios), y después viene una segunda parte donde se resuelven los conflictos, donde hay estallidos de sensualidad, de violencia, de justicia o injusticia, donde todo se va al carajo o encuentra la calma que se estaba buscando durante todo el relato. Cada uno de estos cuentos es un viaje impredecible, fascinante, a veces difícil por los temas tan sórdidos que tratan, pero siempre honestos, comprometidos con las voces de las víctimas, conscientes de que, pese a la crueldad, los seres humanos también somos capaces de expresar bondad, solidaridad y empatía.

Es igualmente admirable el tributo que le hace el autor a las culturas indígenas y afro. La descripción de rituales, los cantos y las cosmogonías cobran relevancia en estos cuentos porque no son mera escenografía, sino que están arraigados en los corazones de los personajes, en su cotidianidad, y nos permiten asistir a ellos como espectadores maravillados y conmovidos, aunque ajenos, como es natural. Porque no hay intrusión forzada, no hay disminución ni blanqueamiento: todo es natural y auténtico cuando se trata de narrar a las culturas ancestrales que tanta riqueza espiritual les aportan a las distintas regiones de nuestro país.

Me gustaría invitar a los lectores a que disfruten de estos cuentos maravillosamente escritos, con profundas implicaciones sociales y culturales, con unos personajes bellos y terribles, porque no decepcionarán a quienes buscan una nueva voz de la narrativa colombiana que se impone por mérito propio.

Rubelio López


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