Uno

15 de enero de 2015. Por: Capítulo del poema en prosa 'De las señales' (Sílaba), nuevo libro del poeta..
En El Tiempo.

Capítulo del poema en prosa ‘De las señales’ (Sílaba), nuevo libro del poeta.

¿Por qué? ¿Cómo ese y este por qué, si hay un Logos que guía toda vida, ahora viene a ser lanzado como una carta sobre el verde tapete de la mesa de juego, sin saberse? ¿Por qué, pues, desde esa vida así oscuramente dirigida, el preguntar, desde otro escenario interior, si a él dentro de poco llamarán a su puerta y, aún más, no se diera una tal expiación? Certeza sí, que no una apariencia sino, antes, unos versos. Y otra vez: ¿Por qué? Signos vacíos de la transmutación, de un haber dejado de ser entre pérdidas, uniones tanto como separaciones. Presencias sólo ¿tendrían una respuesta las presencias?: el Pétalo y la Piedra, cosas allí, Tótems, el pensamiento, un solo recordar y las enredaderas. Las compañías y los desamparos, un ir sin rumbo que va hacia el adentro. El círculo nocturno de la lámpara sobre la mesa de trabajo; en ella los objetos que se han dispuesto para un diálogo. ¿Cuáles las señas, que no fueron ni vistas, ni seguidas y, luego, tras de ellas, cómo podría venir a nuestro íntimo ser algún incierto comprender y un poder continuar? Sólo, de mío hago, esta pregunta, dibujada desde siempre en las líneas que se dan a leer sobre todas las manos. La herencia, el imperio de la raza y el ideal de la formación del ánimo como un trébol de cuatro hojas. Todas las faltas hacen una sola falta irreparable, y a un desprendimiento no le es dada la unión original. ¿Por respuesta la dirección de la aguja del sexante, de ésta sola, la mía u otras brújulas, que dejaron de indicar “su” y aún todo Norte? Coronas de laurel sobre tapices y bajos escalones iluminados por la misma llama que daba a ver lo desaparecido y todavía allí. Las ornamentaciones al lado de las conversaciones, que ni unas ni otras decían de la fatalidad. Lazos cuya tensión impiden que se aten, y es allí el sembrar un sufrir. Las lecciones del mito nos remiten el Génesis, y el más pequeño es el portador del misterio. Ascenso entonces a algo como el pico más alto de la cordillera de los Andes, que atraviesa toda América, así como una, la más débil acción traspasa una vida entera. Hotel Presidente de Chapultepec, frente al lago, Florida Norte, en Madrid Penta, en París, Delta en Florencia, Palatino, en Roma. La Playa en Avenida, Miradores. Qué se aguardaba, quién y en los sucesos, aún en la conciencia, en la mente y el ánimo, en cuáles escenarios para dar al final en este sólo y último ¿por qué? en razón de vida. El motivo, de “Movere”, de un Poema es siempre objeto de toda vacua exégesis. Aquí han de venir sólo ecos de ecos, líneas imprecisas por las nubes que bajan hasta las cumbres; manos tendidas hacia un no hallarse la una al lado de la otra, y obstante, buscarse como necesitadas. En mitad del entramado de seres, destinos, senderos o presencias: las señales, los signos. El Ser se abre al llevar dos destinos a su límite por sobre la tormenta. La orden de tierra ha sido subir dos mil pies.

Además de ‘De las señales’, Jaime García publicó recientemente ‘Buques en la Rada. Lais’ (Fundación arte es Colombia. Colección Letras).