Hay un fuego ardiendo sobre la tierra

Abril 24 de 2016. Por: Juan José Hoyos.
En El Colombiano.

Es una ola de extinción sin precedentes. En el mundo no solo están desapareciendo cientos de especies de animales y plantas, como ya lo han advertido los biólogos. Ahora también están desapareciendo los idiomas. Cada dos semanas muere un anciano que se lleva consigo a la tumba las últimas palabras de una lengua antigua.

“Lo que realmente significa esto es que en el transcurso de una generación o dos seremos testigos de la pérdida de al menos la mitad del legado social, cultural e intelectual de la humanidad. Tal es el trasfondo oculto de nuestra época”. Con estas palabras, el antropólogo canadiense Wade Davis resume la catástrofe que está ocurriendo en las islas de la Polinesia, las selvas de Borneo, los desiertos de Australia, las mesetas del Tíbet, las llanuras de África, las nieves del Ártico, las montañas de los Andes y en muchos otros lugares olvidados de la tierra.

Esa es la idea central de su libro “Los guardianes de la sabiduría ancestral”, publicado por Sílaba Editores, y presentado en la Feria Internacional del Libro de Bogotá. En sus páginas, Davis hace un recuento de las luchas por sobrevivir de pueblos aborígenes cuya vida y cultura están amenazadas de un confín a otro de la tierra por el avance de la llamada civilización. El autor piensa que la cultura es una sola respuesta en siete mil voces distintas a la pregunta sobre qué significa ser humano.

Disfruté la lectura del libro desde la primera hasta la última página, como si estuviera leyendo un diario de viaje. Wade Davis no solo es uno de los etnobotánicos más reconocidos del mundo. También es un gran escritor.

Davis sostiene que aunque los biólogos estiman que la vida del 20 % de los mamíferos, el 11 % de las aves y el 5 % de los peces se encuentra amenazada y es inminente la desaparición del 10 % de la diversidad de la flora, la humanidad está enfrentada a otra tragedia: la de la inminente desaparición de la mitad de las siete mil lenguas que se hablan hoy en el mundo. Más de tres mil no se están enseñando a los niños. Lo más probable es que ya no existan al final de esta generación.

El 80 % de los humanos nos comunicamos usando los 83 idiomas predominantes, en especial los 10 más hablados. Más de 600 idiomas cuentan con menos de 100 hablantes. Pero, ¿y qué de la poesía, las canciones y el conocimiento codificados en las otras voces, las de aquellas culturas que son los guardianes y custodios de casi el 99 % de la diversidad lingüística del mundo?, se pregunta Wade Davis.

Para él, un idioma no es únicamente una serie de reglas gramaticales o un vocabulario: “Es un destello del espíritu humano, el vehículo por medio del cual el alma de cada cultura llega al mundo material. Cada idioma es un bosque primitivo de la inteligencia, un hito del pensamiento, un ecosistema de posibilidades espirituales”.

Por eso, cuando se pierde una lengua también desaparece todo aquello que un grupo de humanos nos quiere decir. Es como el estallido de una bomba sobre el Museo del Louvre.

“Hay un fuego que está ardiendo sobre la tierra, llevándose consigo plantas y animales, antiguas habilidades y sabiduría visionaria -dice Wade Davis-. Está en riesgo un vasto archivo de conocimiento y destrezas, un catálogo de la imaginación, un lenguaje oral y escrito compuesto de las memorias de innumerables ancianos y curanderos, guerreros, agricultores, pescadores, parteras, poetas y santos”.

Sofocar esas llamas, redescubrir el valor inapreciable de la diversidad del espíritu humano y luchar para que el legado de la humanidad no desaparezca es uno de los mayores desafíos de nuestro tiempo.