El mejor libro que leí en 2014

28 de diciembre de 2014. Por: Andrés Mejía.
En Vanguardia.

Cada loco con su tema, dicen; por supuesto mi lista de lecturas del año gira alrededor de mis temas preferidos: política, asuntos internacionales, crisis económicas y visiones analíticas de la conducta.

Antes de compartir con ustedes cuál es el mejor libro que leí en 2014, menciono otros que también me dieron horas de disfrute y enriquecieron mi manera de pensar.

The Second Machine Age (La segunda era de las máquinas), es un inquietante análisis sobre el futuro del trabajo humano, pues se prevé que muchos de los oficios actuales serán reemplazados por tecnología. Sorprendentemente no se trata de un libro pesimista, ni percibe un futuro negro para la sociedad. Por el contrario, si logramos hacer bien la transición, la vida humana podría enriquecerse.

Como no todo ha de ser ñoñería, la experiencia literaria estuvo a cargo de dos clásicos y una novedad. La novedad, la colección Aún no era grande, de Estefanía Uribe Wolff, de cuyo libro me enteré por las redes sociales. Ella practica el muy difícil arte del texto corto y está empezando a obtener un merecido reconocimiento.

Y descubrí la experiencia del audiolibro, experimento que no se me había ocurrido hacer. Con placer oí Granja animal de Orwell y El corazón de las tinieblas de Conrad. El buen audiolibro, leído como suele ser por grandes actores teatrales, es una experiencia que no dudo en recomendar.

Pero el libro que más me impactó este año es El bonobo y los Diez Mandamientos, de Frans de Waal. El autor es un importante biólogo especializado en la conducta de los primates, y en este libro explora un tema fascinante: la existencia de sentimientos y actitudes morales entre estos animales.

A dichas actitudes y sentimientos se les había considerado únicamente humanos. De Waal expone casos y evidencias donde se ven sentimientos de compasión, empatía y cuidado de los débiles entre primates. Es lectura necesaria para quienes, sin conocerla, distorsionan la teoría de la evolución y la presentan como si fuera el inexorable dominio del más fuerte. Contrario a esto, hay numerosos casos en los que se muestra, por ejemplo, cómo ciertas comunidades de primates cuidan de los más enfermos e incluso de quienes sufren síndrome de Down (que también puede afectarlos). Contiene además bellas reflexiones con las que nos identificamos quienes, sin creer en divinidades, respetamos a quienes sí tienen tal creencia y buscamos el diálogo con ellos.

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