CRÓNICA: “JOAQUINA CENTENO”

29 de octubre de 2017. Por: Jose Manuel Cachinero.
En lecturaspradolongo.

“Al tormento de la ausencia se le añade el dolor de la duda”

Desaparecido: dicho de una persona, que se halla en paradero desconocido, sin que se sepa si vive o no.

Se nos presentó Joaquina Centeno casi sin hacer ruido, vino de Colombia a quedarse entre nosotros. Pocas veces un personaje y una novela nos generaron tanta dialéctica en nuestra tertulia. Cuando un mago hace desaparecer un conejo en la chistera, todo el mundo sabe que no desaparece de verdad, el conejo sigue ahí de una u otra forma. Esta triste metáfora nos mete en la intrahistoria del libro. La novela nos narra la historia de Joaquina Centeno, madre de Joel, el cual un día no regresa a casa. Es la historia de una madre coraje que no deja de pelear por saber el paradero de su hijo, una mujer que con su perseverancia y con su arrojo encomiable, remueve  todos los cimientos posibles para intentar conocer cuál fue la verdad de los desaparecidos entre los que se encontraba su hijo, donde el único delito fue presenciar un asesinato, estudiar en la universidad o peor aún, estar en el momento  y en el lugar equivocado. También destacamos en la novela lo difícil que es seguir con el día a día cuando sufres una desaparición dentro de la familia, tanto Víctor, padre de Joel, como los hermanos de este, asumen una actitud muy diferente a la de Joaquina, gestionando de una forma muy distinta el dolor que sienten. (Gestionar, que palabra tan dolorosamente cruel cuando se habla del dolor). Los personajes en general son muy creíbles y están bien montados, lo que le da mucha contundencia a la novela.

La sinopsis ya nos adelantaba lo que se nos venía encima, un libro cargado de violencia, aunque bien es cierto no descriptiva, la empatía con el personaje es imposible no tenerla. En ningún momento el lenguaje es crudo, es más bien distante, como si nos creara una cierta distancia con la emoción, pero  sin caer en el dramatismo fácil, aunque esto último es algo que no convenció a todos por igual.

En la novela, aparecen unas “síncopa”, en nuestro lenguaje que proviene del latín, es un proceso fonológico consistente en suprimir fonemas del interior de una palabra, abreviándola y generando una nueva con significado próximo pero diferente. Así podemos entender la estructura de la novela, donde Marbel nos introduce unas síncopas en la narración, creando una nueva  pequeña historia dentro de la novela, con distintos personajes y que rompen el ritmo, pero con la que intuimos una proximidad o prolongación a la historia central. Uno de los personajes de la sincopa es Claudia, madre de tres niños. Nos encontramos dos madres en la novela y dos miradas distintas, ambas afrontan la desaparición a su manera, aunque las dos tienen cierta ceguera al mundo que las rodea, hasta que el dolor les estalla entre las manos.

Marbel Sandoval nos disecciona una realidad que durante muchos años se está viviendo en Colombia, y de la que poco conocemos, donde parece que los desaparecidos es una moneda común del día a día, cuando no son grupos paramilitares son las guerrillas revolucionarias, o son los cuerpos de seguridad del estado. Encontramos en todo momento muchos paralelismos con “nuestros desaparecidos”, porque también los tuvimos hace 70 o 80 años, como también los hubo en la Argentina de Videla y en el Chile de Pinochet, pero no entendemos por qué en Colombia estaba tan silenciada o porqué ha pasado a un segundo plano, cuando a fecha de hoy aún desaparecen pese al proceso de paz y a pesar que el calendario ya dejó atrás hace 17 años el siglo XX.

Quiero dar las gracias a Marbel Sandoval, por acercarse al Instituto y participar en nuestra Tertulia, por acercarnos a Joaquina y humanizarla, pues aunque nos dijo que era un personaje literario, pero con ciertos rasgos y similitudes de otras madres que aún siguen buscando a sus familiares. Desde aquí te damos la bienvenida a la Tertulia, esta es tu casa.  Gracias también a Trini por darnos a conocer a esta autora y por descubrirnos esta lectura.

Por último quiero dar la bienvenida a los nuevos tertulianos que se acercaron, esperando que nos acompañen durante mucho tiempo y que “enganchen” y descubran esta pequeña tertulia a más gente.

Quisiera terminar aclarando que la frase inicial de esta crónica no es de cosecha propia, la podéis encontrar en la red, yo la descubrí en un documento sobre desaparecidos en Colombia y me impactó tanto leerla que quise compartirla, desconozco su autoría, por ello no la firmo.