Círculo de Lectura Diners: Aún no era grande

24 de Febrero de 2014. Por: Ángela Cruz.
En Revista Diners.

“Aún no era Grande”, Estefanía Uribe Wolff, de Sílaba editores, marca la llegada de una voz fresca en la escena literaria colombiana.

¿Qué es lo que hace de este libro algo distinto? En primer lugar, y como se ha comentado en las reseñas de diferentes medios de comunicación, la obra de Uribe le de un vuelco a lo que hemos leído hasta el momento sobre la infancia como tema. Más allá de la reminiscencia sobre su propia niñez, la autora logra conectar al lector con la posibilidad de evocar su propia experiencia infantil y llevarlo al análisis y reflexión sobre la misma, todo esto sin caer en la teorización ni la terapia gratuita. Lo anterior se debe en gran parte a que la propia autora considera a la infancia con seriedad y gravedad; no es éste un libro sobre el paraíso perdido o el idilio irrepetible de la inocencia, sino sobre la interacción entre la mirada del niño y las imágenes del mundo adulto. La niña de Aún no era grande nos enfrenta a la complejidad del mundo interior de la infancia y sus amigos imaginarios, sus objetos sagrados y las influencias de una adultez circundante que resulta cuando no ridícula, al menos incomprensible.

A lo largo de los fragmentos que conforman el libro, Estefanía Uribe va y viene, de un recuerdo a otro, alterando la continuidad del crecimiento a la que estamos acostumbrados al considerar la infancia, así como la continuidad de una generación a otra en términos de saber y tradición. La abuela Lucinés, como reflejo de aquella ruptura, esgrime una frase definitiva respecto al próximo nacimiento de nuestro personaje: “Ya va a nacer mi nieto. Ojalá que sea niño porque las mujeres sufrimos mucho” (47); es así como Estefanía, la de la historia, se encuentra desde la infancia en un rol contrario al tradicional de su género y aún en el dolor y el sufrimiento, es su curiosidad, su propia capacidad de cuestionamiento la que le da las respuestas y la aparta de la mujer objeto u ornamento.

Del mismo modo, el tono de la narración juega con le registro de la infancia sin hacer concesiones a la simpleza: Sencillo en su naturaleza pero elaborado en su ejecución, el libro de Uribe pone cada palabra en su lugar, sin adornar con preciosismos ni procacidades, recurso tan frecuente en algunos autores de nuestros días.

Por otra parte, llama la atención el tratamiento de los demonios del personaje, las adicciones, los dramas amorosos, la depresión, que si bien moldean el carácter y son en gran parte los detonantes de varias de las anécdotas, no aparecen bajo el sello moralizante del arrepentimiento o la vanagloria —dos caras de la misma trivialización de la adicción— sino como uno de los componentes del estar en el mundo del personaje y su capacidad para crear y vivir.

Aún no era grande no se queda en la trivial anécdota de la vida nocturna que intenta sofisticar a la adicción ni entra en la retórica del cordero arrepentido, sino que cuenta con honestidad la experiencia de vivir, ser y construirse dentro de la dinámica entre adicción y medicalización: “Uno como resultado de unas pastillas. Uno como resultado de la abstinencia. Uno como resultado de un día que empieza a las ocho de la mañana, en el que nada sucede, durante el cual el tiempo se detiene, hasta las doce de la noche y viene el insomnio” (31). Resulta cuando menos refrescante entre tanto imitador de imitadores de Charles Bukowski encontrar una voz que responda desde sí misma y no desde la postura de la irreverencia gratuita.

Por último cabe considerar también la discusión en torno al género literario. La misma Uribe declara que voces reconocidas, como Antonio Caballero y Carolina Sanín , señalaron que no podía clasificarse su obra dentro del cuento. Autobiografía, retrato, ficción autobiográfica o como sea que se decida llamar a los fragmentos de Aún no era grande —en los que algunos vemos, sí, una actualización del cuento— lo que importa en este sentido es ver cómo plantean un verdadero ejercicio de escritura literaria y cómo a pesar de ser narrados en primera persona, escapan de lo anecdótico y emotivo, simplemente.

Resta sólo decir que dentro de las lecturas obligatorias del año, Aún no era grande ocupa un lugar principal y que aún podrá seguirse discutiendo por un buen rato sobre su particular estilo.